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No me llames árbitro de feria

Por: Diego Morales
Twitter: @diegostress

“Es fácil ver la paja en el ojo ajeno”, situación que se ha visto desde los primeros siglos y que se ha mantenido hasta la actualidad, y es que como espectadores contamos con todo el tiempo del mundo para analizar una jugada, incluso desde la comodidad de nuestra sala; y a pesar de que ahora con la llegada del VAR, ojo de halcón, entre otras, se han facilitado la toma de decisiones para los jueces de diversos deportes debemos considerar que en el instante mismo de la acción únicamente se cuentan con fracciones de segundo para la aplicación de las normas correspondientes.

Otro factor importante que tomar en cuenta es que la tecnología no ha llegado a todos los rincones del planeta, y Guatemala es testigo de ello, a pesar de que algunos árbitros con fondos propios han comprado sus “diademas de comunicación” el apoyo no ha llegado a todos los encargados de impartir justicia en el fútbol; sin embargo autoridades de la federación de dicho deporte han manifestado que se llegó a un acuerdo con la Liga Nacional para comprar seis juegos de diademas para los árbitros a un costo aproximado de cinco mil dólares cada uno; sin embargo en países desarrollados los avances tecnológicos han ido a un ritmo mayor al apoyar a los jueces con banderolas electrónicas, mismas que cuentan con un botón que al ser presionado le emiten una señal al silbante central que luego le permitirá tener información sobre determinada jugada. Y eso no es todo, en el reciente Mundial celebrado en Rusia el año pasado, los árbitros contaban con un reloj inteligente fabricado por una marca bastante reconocida conectado a un sistema de cámaras y sensores instalados en el campo que le permitían tener información relevante sobre el desenvolvimiento del partido.

La suma de todos estos factores, sumado a la tensión del juego permiten que en determinadas oportunidades los jueces, como todo ser humano, se equivoquen al señalar ciertas infracciones, pero no todo acaba allí: luego vienen las agresiones verbales y físicas, situación que se ve desde un partido infantil en la que los padres le gritan al árbitro hasta duelos de liga mayor, llegando al extremo de en ocasiones recibir amenazas de muerte.
Además, algo que llama la atención es que muchos árbitros en determinadas partes del mundo no solamente viven de dicha profesión sino cuentan con un trabajo adicional, el cual le permite poner en práctica el ejercicio de la toma de decisiones bajo presión durante la semana fuera de un partido.

La próxima vez que veamos un partido seamos más empáticos, al final todos nos equivocamos una y otra vez.


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