El fútbol latinoamericano y mundial se viste de luto con la reciente partida de Juan Ramón Verón, conocido cariñosamente como «La Bruja». Fallecido el 27 de mayo de 2025 en La Plata, Argentina, a los 81 años, a causa de una insuficiencia renal, su deceso deja un vacío inmenso, especialmente en el corazón de Estudiantes de La Plata, el club al que dedicó gran parte de su vida y donde forjó una leyenda imborrable.
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La noticia de su partida provocó una inmediata y emotiva ola de homenajes. Estudiantes de La Plata emitió un comunicado oficial, despidiéndolo como un «emblema indiscutible de nuestra historia», una «referencia absoluta de nuestra identidad» y un «símbolo eterno de compromiso, humildad y pertenencia». El club platense planeó rendirle un tributo especial durante un partido de la Copa Libertadores, un torneo que «La Bruja» conquistó en múltiples ocasiones. Las condolencias se extendieron por todo el continente, con clubes como Junior de Barranquilla, donde también dejó una marca indeleble, expresando su pesar y reconociéndolo como una leyenda.
El apodo «La Bruja» no fue casual; nació de su habilidad casi mística en el campo de juego, una capacidad para desequilibrar y aparecer en momentos clave que parecía obra de magia. Esta denominación se arraigó tan profundamente en la cultura futbolística de La Plata que incluso inspiró un popular cántico, «Si ve una bruja montada en una escoba, ¡Ese es Verón, Verón, Verón que está de moda!», y llevó a la venta de escobas como souvenirs, convirtiéndolo en un verdadero fenómeno cultural. Desde sus goles fenomenales contra Palmeiras y Manchester United hasta su liderazgo en los Pincharratas, Juan Ramón Verón trascendió el rol de simple jugador para convertirse en un ícono.

Los Primeros Pasos de un Mago: Infancia y Orígenes
Juan Ramón Verón nació en La Plata, Argentina, el 17 de marzo de 1944. Su infancia estuvo marcada por la adversidad y la necesidad de madurar rápidamente. A los 11 años, sufrió la dolorosa pérdida de su madre, un evento que lo obligó a enfrentar la vida con una resiliencia temprana. Su padre, buscando sustento, se trasladó a Corrientes para trabajar en las cosechas, lo que llevó a Juan Ramón a vivir solo o bajo el cuidado de una tía cercana, forjando desde joven una notable independencia.
Antes de que el fútbol se convirtiera en su principal sustento, Verón conoció la dureza del trabajo en el frigorífico Armour de Berisso. Allí, su jornada laboral se extendía desde las 9 de la noche hasta las 3 de la mañana, acomodando medias reses en cámaras frigorícas para su posterior envío. Esta labor, físicamente exigente, la mantuvo incluso después de haber debutado en la primera división de Estudiantes, una clara muestra de su inquebrantable sentido de la responsabilidad y su compromiso con su familia, ya que se había casado joven y necesitaba llevar el sustento a casa. Solo cuando Osvaldo Zubeldía, el visionario entrenador de Estudiantes, intercedió para que le ofrecieran un contrato profesional, Verón pudo dejar el frigorífico y dedicarse por completo al deporte que amaba. Este período de su vida no solo define su carácter humilde, sino que también explica por qué se le conoció como el «campeón de la humildad». Su trayectoria es un testimonio de cómo la grandeza puede surgir de los orígenes más modestos, cimentada en el esfuerzo y la dedicación.
A pesar de las dificultades y la inicial reticencia de su padre, quien era hincha del rival Gimnasia y, según Juan Ramón, «no entendía de fútbol», la pasión por el fútbol de «La Bruja» era innegable. De niño, su admiración por «Pepino» Borello lo llevó a ser hincha de Boca Juniors. Su llegada a Estudiantes fue fortuita: un exjugador del club, Juan Delgado, lo vio jugar en una cancha de barrio y lo invitó a probarse. Aunque su debut en 1962 fue una derrota 4-0 contra Boca Juniors, y le siguieron tres años de «postergaciones» antes de afianzarse en el primer equipo en 1965, su determinación y talento ya prometían una carrera excepcional.

La Era Dorada de Estudiantes: El Reinado de «La Bruja»
La consolidación de Juan Ramón Verón en Estudiantes en 1965 marcó el inicio de una era sin precedentes para el club, íntimamente ligada a la llegada de Osvaldo Zubeldía. Este entrenador revolucionario no solo transformó la táctica del equipo, sino que también supo identificar y potenciar el talento de «La Bruja». Zubeldía le otorgó a Verón una libertad crucial «para jugar de la mitad para arriba», una decisión que fue fundamental para desatar su brillantez ofensiva y convertir a Estudiantes en una potencia continental. Esta relación entre el visionario técnico y el talentoso jugador es un claro ejemplo de cómo la visión estratégica de un entrenador puede catalizar el máximo potencial de un futbolista, transformando una promesa en la pieza central de un equipo legendario.
Como volante ofensivo y delantero, Verón deslumbraba con el número 11 en la espalda. Su estilo de juego se caracterizaba por una habilidad técnica sobresaliente, una capacidad única para el regate y una maestría en los mano a mano. Disfrutaba encarando a los defensores, y si eran dos, mejor, pues «la tiraba entre ambos y se confundían entre ellos,» superándolos con gambeta y velocidad. Además, poseía una notable capacidad goleadora y un cabezazo preciso, fruto de su excelente ubicación en el área.
El punto culminante de su carrera llegó con la conquista de tres Copas Libertadores consecutivas: 1968, 1969 y 1970. En la final de la Copa Libertadores de 1968, Verón fue una figura estelar, marcando un memorable hat-trick contra Palmeiras. Sin embargo, fue la Copa Intercontinental de 1968 contra el Manchester United la que grabó su nombre en la inmortalidad. Tras una victoria 1-0 en Buenos Aires, Estudiantes viajó a Old Trafford para la vuelta. Allí, Verón marcó el gol decisivo a los siete minutos del primer tiempo, sellando un empate 1-1 que les dio el título. El relato de Verón sobre ese partido es un testimonio de la intensidad de la época: describió a los ingleses como «caballeros hasta el momento del partido» y recordó el ambiente hostil, lleno de insultos. La victoria fue tan tensa que no pudieron dar la vuelta olímpica completa ni recibir el trofeo en el campo, viéndolo por primera vez ya en Argentina. Esta anécdota no solo resalta la magnitud del triunfo, sino que también ilustra la ferocidad y las condiciones únicas del fútbol internacional de antaño, donde la hostilidad era palpable y la celebración, a menudo, postergada.
Además de estos logros internacionales, Verón fue parte fundamental del equipo que ganó el Campeonato Metropolitano de 1967 y la Copa Interamericana de 1969. En sus tres etapas como jugador de Estudiantes, disputó 324 partidos y anotó 90 goles, aunque otras fuentes elevan la cifra a 337 partidos y 96 goles, colocándolo como el undécimo jugador con más partidos y el séptimo goleador histórico del club en el profesionalismo.
A continuación, se presenta una tabla con los títulos internacionales más destacados de Juan Ramón Verón con Estudiantes de La Plata:
| Título | Club | Sede | Año |
|---|---|---|---|
| Copa Libertadores | Estudiantes (LP) | Montevideo | 1968 |
| Copa Intercontinental | Estudiantes (LP) | Mánchester | 1968 |
| Copa Interamericana | Estudiantes (LP) | Montevideo | 1969 |
| Copa Libertadores | Estudiantes (LP) | La Plata | 1969 |
| Copa Libertadores | Estudiantes (LP) | Montevideo | 1970 |
Un Viajero del Balón: Su Trayectoria Más Allá de La Plata
La carrera de Juan Ramón Verón no se limitó a su gloriosa etapa en Estudiantes. Su talento lo llevó a explorar otros horizontes, demostrando su adaptabilidad y calidad en diversas ligas. En 1972, dio el salto a Europa, siendo transferido al Panathinaikos FC de Grecia, donde jugó 57 partidos y convirtió 22 goles, 14 de ellos solo en el Campeonato griego 1972/73.
Tras su aventura europea, regresó brevemente a Estudiantes en 1975, contribuyendo a que el equipo fuera subcampeón del Campeonato Nacional de ese año. Luego, su trayectoria lo llevó al fútbol colombiano, donde dejó una huella significativa. En Junior de Barranquilla, entre 1976 y 1977, logró una hazaña poco común: se desempeñó como jugador y técnico encargado, guiando al equipo a su primer título colombiano en 1977 y consolidando su estatus de ídolo en el club. Posteriormente, jugó para Cúcuta Deportivo entre 1978 y 1979.
Un episodio notable de su carrera, aunque breve, fue su participación en un partido amistoso en 1966. Como refuerzo del Alianza Fútbol Club de El Salvador, Verón tuvo la oportunidad de enfrentarse al legendario Santos de Pelé, anotando un gol que contribuyó a la victoria 2-1 del equipo salvadoreño. Este hecho subraya su capacidad para brillar en escenarios de gran envergadura, incluso en una aparición puntual.
Sus últimos años como jugador lo vieron regresar a Estudiantes por tercera vez (1980-1981), antes de recalar en ligas menores. Su amor incondicional por el juego se manifestó en su resistencia a colgar los botines. Continuó jugando hasta los 41 años en la Liga Madariaguense de Fútbol con el club Juventud Unida. Su retiro en 1985 fue forzado por una grave lesión, una fractura de tibia producto de un «planchazo» sin sentido. La profundidad de su pasión por el fútbol se refleja en su conmovedora declaración: «Ninguna actividad vinculada al fútbol llena ese vacío». Esta profunda conexión con el deporte, que lo llevó a jugar hasta que su cuerpo no pudo más, revela que para Verón, el fútbol era más que una profesión; era una parte intrínseca de su ser, una fuente de alegría que ninguna otra faceta de la vida pudo reemplazar.
A lo largo de su extensa carrera, Juan Ramón Verón disputó un total de 544 partidos oficiales, marcando 172 goles.
El Banquillo y el Legado en Centroamérica: Guatemala en su Corazón
Después de su brillante carrera como futbolista, Juan Ramón Verón incursionó en el mundo de la dirección técnica, aunque él mismo admitiría más tarde que «ser entrenador no era para mí». No obstante, su paso por los banquillos dejó una huella, especialmente en Centroamérica.
En 1996, asumió el cargo de entrenador de la Selección Nacional de Guatemala. Su breve período al frente del combinado guatemalteco abarcó 7 partidos, con un promedio de 1.29 puntos por partido en aproximadamente 0.33 años. Además de la selección, Verón dirigió al Comunicaciones Fútbol Club de Guatemala en dos etapas distintas: la primera entre 1994 y 1995, y la segunda entre 1997 y 1998. Aunque su paso como entrenador en Guatemala fue relativamente corto, demuestra su disposición a compartir su vasta experiencia en diferentes latitudes.
Es importante señalar que, a pesar de la mención en la consulta inicial sobre su posible vínculo con un equipo llamado «Azucareros» en Guatemala, la información disponible en las fuentes consultadas no contiene ninguna referencia a Juan Ramón Verón como entrenador o asociado a un club con ese nombre.
Complementando su experiencia en Guatemala, Verón también tuvo breves roles como entrenador interino en Estudiantes de La Plata en 1992 y 2002. Tras su retiro definitivo del campo, también se desempeñó como asesor deportivo en Estudiantes y como funcionario gubernamental, manteniendo su conexión con el deporte y la sociedad.
La siguiente tabla detalla la trayectoria profesional de Juan Ramón Verón como jugador y entrenador:
| Club | País | Período | Rol | Partidos (Jugador) | Goles (Jugador) |
|---|---|---|---|---|---|
| Estudiantes (LP) | Argentina | 1962 – 1972 | Jugador | 212 | 63 |
| Panathinaikos FC | Grecia | 1972 – 1975 | Jugador | 57 | 22 |
| Estudiantes (LP) | Argentina | 1975 – 1976 | Jugador | 43 | 9 |
| Junior | Colombia | 1976 – 1977 | Jugador/Entrenador | 85 | 34 |
| Cúcuta Deportivo | Colombia | 1978 – 1979 | Jugador | 39 | 21 |
| Estudiantes (LP) | Argentina | 1980 – 1981 | Jugador | 35 | 6 |
| Argentino (Q) | Argentina | 1981 | Jugador | 12 | 3 |
| Juventud Unida (Madariaga) | Argentina | 1981 – 1985 | Jugador | – | – |
| Estudiantes (LP) | Argentina | 1992 | Entrenador (interino) | – | – |
| Comunicaciones | Guatemala | 1994 – 1995 | Entrenador | – | – |
| Selección de Guatemala | Guatemala | 1996 | Entrenador | 7 | – |
| Comunicaciones | Guatemala | 1997 – 1998 | Entrenador | – | – |
| Estudiantes (LP) | Argentina | 2002 | Entrenador (interino) | – | – |
El Linaje de la Bruja: Familia y Legado Duradero
Juan Ramón Verón no solo fue un gigante en el campo, sino también el patriarca de una notable dinastía futbolística. Fue padre de Juan Sebastián, Iani y Fabián Verón, y abuelo de Deian Verón, extendiendo su legado a través de múltiples generaciones. La relación con su hijo, Juan Sebastián Verón, es particularmente icónica. Juan Sebastián, una leyenda del fútbol por derecho propio y actual presidente de Estudiantes de La Plata, rindió «homenajes silenciosos» a su padre a lo largo de su carrera. Adoptó el número 11 en su camiseta desde las categorías inferiores, sin decírselo a nadie, y nunca más se lo quitó, un número que su padre también usaba. De igual forma, la distintiva venda por debajo de la rodilla que Juan Sebastián usaba, un sello de su carrera, fue una práctica que su padre también empleaba por necesidad debido a molestias en los meniscos. Juan Ramón solía comentar que estos gestos «simplemente sucedieron,» lo que subraya la profunda conexión y el respeto mutuo que existía entre ellos. Esta profunda conexión familiar, manifestada en la continuidad de símbolos y roles dentro del mismo club, transforma la historia de los Verón en una poderosa narrativa de identidad y pertenencia para Estudiantes, donde el apellido Verón se fusiona con la esencia misma del club.
La relación entre padre e hijo también estaba teñida de un humor cariñoso y una rivalidad juguetona. Juan Ramón bromeaba diciéndole a Sebastián que le «faltaron dos minutos para igualarme,» en referencia a la final del Mundial de Clubes de 2009 que Estudiantes perdió ante el Barcelona en los últimos instantes. A pesar de las comparaciones inevitables, Juan Ramón siempre reconocía las diferencias en sus estilos de juego, señalando que Sebastián jugaba en el mediocampo y él de delantero, y que «él no hubiese podido jugar en mi lugar y yo en el de él, menos. A mí correr tanto para atrás no me gustaba…».
La humildad fue una constante en la vida de Juan Ramón Verón. Desde sus inicios en el frigorífico hasta su comportamiento fuera de la cancha, siempre fue descrito como una persona atenta, simpática y que prefería mantenerse prudentemente alejado de los medios. Su figura, la del «campeón de la humildad», se mantuvo inalterable a lo largo de su vida. Incluso en el ámbito familiar, la pasión por el fútbol generaba anécdotas divertidas, como la existencia de hinchas de Gimnasia, el clásico rival de Estudiantes, entre sus propios parientes.

Conclusiones: Un Ídolo de Humildad y Compromiso
La vida de Juan Ramón Verón es un testimonio de talento, perseverancia y una profunda humildad. Su legado trasciende los límites del campo de juego, consolidándolo como un «emblema indiscutible» y una «referencia absoluta» para Estudiantes de La Plata. Su impacto no se mide solo en los títulos y goles, sino en la huella humana que dejó.
«La Bruja» encarnó un amor incondicional por el fútbol, una pasión tan arraigada que, como él mismo expresó, «lo más lindo es jugar». Su retiro forzado por una lesión, y no por falta de deseo, subraya la intensidad de esa conexión con el deporte, una conexión que ninguna otra actividad pudo llenar. Esta devoción inquebrantable al juego, más allá de la fama o el reconocimiento, es una de las características más inspiradoras de su trayectoria.
Además de su brillantez como futbolista, Juan Ramón Verón fue un «mentor comprometido y una referencia humana ineludible para generaciones enteras». Su vida, marcada por la superación de adversidades desde la infancia y su trabajo en el frigorífico, cimentó una personalidad humilde y accesible que lo hizo querido por compañeros, aficionados y familiares.
Desde el gol fenomenal contra Palmeiras en la Copa Libertadores hasta la histórica anotación ante el Manchester United en la Intercontinental, Juan Ramón Verón no solo dejó goles memorables, sino también un ejemplo de vida. Su figura, la de «La Bruja», perdurará eternamente en la memoria colectiva del fútbol, resonando como un símbolo de la identidad Pincharrata y un recordatorio de que la verdadera grandeza reside tanto en el talento excepcional como en la humildad y el compromiso inquebrantable. Su legado es una fuente de inspiración, un faro que ilumina el camino para futuras generaciones de futbolistas y seres humanos.


