Carlos Alberto López, de 77 años, se ha ganado el respeto y admiración de la familia del boxeo guatemalteco por su enorme contribución en la formación de cientos de atletas que han recibido sus consejos a lo largo de cinco décadas.
El invaluable aporte del entrenador nacional ha marcado a generaciones de deportistas pasadas, pero también presentes y futuras, gracias a sus cualidades como mentor que transciende sus enseñanzas en el cuadrilátero.
“Todos me conocen como la leyenda del boxeo en Guatemala”, expresa Carlos, pero lejos del tono presuntuoso, lo dice agradecido y acepta con modestia la consideración que sus colegas, atletas, dirigentes y público le han dado.
Dentro de sus mayores satisfacciones, Carlos menciona con orgullo haber sido parte del cuerpo técnico del atleta olímpico Carlos Motta y fue asistente de Léster Martínez y Juan Reyes Donis, en la histórica participación en Juegos Centroamericanos y del Caribe.
Carlos, quien aún sigue con su rol de guía en la Federación pero con menos horas en las sesiones a las que se dedica, habla en esta entrevista sobre sus orígenes humildes en el barrio El Gallito, su paso como atleta, su longeva trayectoria como entrenador y cómo el deporte ha impactado su vida.
El comienzo de la historia
Siendo niño y como hecho peculiar, Carlos cuenta que conoció el mundo del boxeo por su madre, Candelaria, quien se había entusiasmado con el deporte gracias a su las exhibiciones en el cine de la época.
“A ella le gustaba tanto el boxeo que coleccionaba calendarios y uno muy especial, de un pequeño pugilista, se lo robaron dentro de su casa. A sus vecinas les decía que lo volvería a conseguir, sin imaginar que años más tarde tendría uno de carne y hueso, con mi nacimiento”, recuerda en una nostálgica anécdota.
Carlos creció en la colonia Trinidad, barrio El Gallito, en la zona 3 capitalina, donde por amistad con dos boxeadores élite aprendió lo básico del deporte.
“Los boxeadores Miguel Ángel Alvarado y Manuel Arellano, que tenían estilos diferentes, eran mis amigos y me enseñaron a pelear. Al principio hasta los ayudaba a llevar sus maletas de entrenamiento”, relata Carlos sobre esa etapa.
“Mi historia en el boxeo es larga, hubo de todo, tristezas y alegrías”, admite Carlos.
A mitad de sus 20s, Carlos se enroló como atleta de la Federación y habla de sus motivaciones: “como vivía en una zona conflictiva, mi idea era aprender a defenderme. Y con el tiempo me gustó la técnica y los golpes del boxeo”, admite.
En los años 60s, Carlos fue parte de exhibiciones boxísticas en el interior del país, tuvo posibilidad de competir en torneos amateurs y hasta ganó tres campeonatos nacionales en su categoría.
Pero cuando su carrera iba en ascenso, Carlos vivió uno de los momentos más difíciles al tener que retirarse como atleta debido al padecimiento de una enfermedad.
“Tuve un problema de salud, al sufrir epidermis, y los médicos que me trataron me recomendaron dejar de entrenar y competir”, afirma con pesar.
En el año 75, Carlos recuerda que fue invitado como asistente técnico del entrenador estadounidense Chico Segura, en lo que fue el inicio de su etapa como formador.
“Me iba de comisiones a los departamentos; estuve mucho tiempo en San Benito, Petén gracias a varias recomendaciones de entrenadores mayores. Y fui supervisor de la zona norte, donde luego traíamos boxeadores a los nacionales”, relata.
Su primera experiencia como entrenador de selecciones nacionales llegó en los años 80: “siendo el más joven me dieron la responsabilidad de tener a mi cargo la selección que compitió en los Juegos Centroamericanos y del Caribe en La Habana, Cuba”, cuenta.
Dejando su huella
En su etapa como entrenador de la Federación, Carlos rememora especialmente cuando fue parte del proceso de preparación del olímpico Carlos Mota Taracena, quinto puesto en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 1984.
“Hay una foto famosa que fue publicada en los diarios de la época, donde se lee: el pequeño mini mosca que se convirtió en águila (en referencia a Taracena); y yo estoy a su par”, cuenta con orgullo.
En los 90, Carlos integró cuerpos técnicos de diferentes selecciones mayores, entre ellas la que participó en los Juegos Panamericanos de Winnipeg, en Canadá.
Y dentro de sus mejores experiencias, Carlos afirma: “tuve el privilegio y la bendición de estar en la esquina con el profesor Julio González, cuando Léster Martínez y Juan Reyes ganaron medallas de oro en los Juegos Centroamericanos y del Caribe Barranquilla 2018”.
También guarda como logro preciado, haber iniciado a principio del 2000, los procesos de selecciones del boxeo femenino.
Mentor de vida
En su etapa actual, ya como jubilado, Carlos cuenta que aún sigue activo en la Federación: “sigo apoyando a atletas tanto juveniles como élites. Aunque la Federación me ha ofrecido despedidas, me siento bien para seguir y acá estoy tratando de aportar ideas y consejos a los jóvenes que lo necesitan, afirma.
Carlos habla sobre cuál es su propósito más importante como mentor: “desde que empecé a entrenar mi filosofía siempre fue la de darles a mis atletas herramientas y preparación para la vida; formar buenos atletas y personas”, explica.
Y reafirma: “A veces el deporte es efímero, entonces les inculco que sean buenos estudiantes y personas. Que siempre tengan presente los valores éticos y morales”.
El experimentado entrenador se refiere al significado del boxeo en su vida: “este deporte me dio lecciones, disciplina, respeto y una de las cosas más importantes es la calidad de vida”, resumen.
Para finalizar, Carlos expresa: “Quiero que me recuerden y me sigan llamando como la leyenda del boxeo en Guatemala”.


