Gustavo Enrique Cifuentes Carrillo deslumbró el año pasado cuando con 17 años fue convocado para jugar con la selección sub23 de sóftbol, un logro que marca el camino prometedor que aguarda por este joven lanzador derecho.
Desde que tiene memoria Gustavo es un apasionado por este deporte, gracias a su papá, Óscar Emilio, a quien acompañaba a todos los juegos y por quien aprendió sus primeras lecciones en el campo.
Aunque también se inspiró en el lanzador de la selección absoluta, Gian Paolo Ferrari: “desde pequeño mi uní a su academia y me enseñó todo sobre el pitcheo. Quiero seguir sus pasos”, afirma al respecto.
Gustavo, jugador del equipo Thundercats, está convencido de sus cualidades y aspira a convertirse en uno de los mejores pitchers de Guatemala.
Carrera en ascenso
A la edad de 15 años Gustavo hizo su debut en la máxima categoría del softbol guatemalteco, con la novena de Thundercats, desempeñándose como tercera base.
“Al principio fue difícil, no jugaba mucho y costaba que me pusieran. Pero jugar con los mayores fue retador y me ayudó a crecer y madurar rápido”, afirma.
Y admite que su propio coach tenía más miedo que él de que saliera lastimado por enfrentarse a jugadores más fuertes.
En el 2025, Gustavo vivió uno de los mejores años de su corta trayectoria, al ser parte de las selecciones Sub18 y Sub23 que disputaron los Campeonatos Panamericanos de la categoría en Argentina.
“Cuando me dieron la noticia de que me convocaron a la selección Sub23 no lo podía creer; fue cumplir una gran meta después de muchas semanas de esfuerzo y estaba convencido de que lo iba a lograr”, asegura Gustavo.
“Sin duda, jugar los Panamericanos Sub18 y Sub23 han sido parte de mis mejores logros”, añade el jugador nacional.
Aunque Gustavo confiesa que tras el Panamericano Sub23 en Bahía Blanca, Argentina, las cosas no resultaron como esperaba. “Mi desempeño no fue el mejor, regresé un poco desmotivado y con el ánimo bajo”, admite.
Como en todo deporte, Gustavo asumió que hay buenos y malos momentos: “logré levantarme con mentalidad fuerte y pensé que solo fue un mal campeonato y había que dejarlo atrás”, releva.
Siguiendo el legado
Volviendo a sus inicios, Gustavo recuerda como se involucró en el sóftbol. “Desde los cuatro años recuerdo que mi papá me traía a los campos, lo veía jugar y luego me ponía a volear con él. Por eso de niño es el deporte que amo”, relata.
“Mi papá siempre me acompaña al campo, no imagino un juego sin que él me esté apoyando”, expresa
Gustavo comenzó en las ligas menores junto a su hermano Christopher y al mismo tiempo se enrolaron en la academia del pitcher Gian Paolo Ferrari.
El juvenil expresó su admiración por el experimentado jugador Ferrari, quien ha tenido una sobresaliente carrera jugando con la selección mayor y en ligas en el extranjero: “De pequeño quería ser como él y salir a jugar fuera del país”, admite.
Sobre su vínculo con su hermano, dice: “él es cátcher, así que me recibe mis lanzamientos”, bromea, ya que juegan en el mismo equipo.
Grandes ilusiones
En el proceso de consolidarse como un jugador indiscutible del equipo Thundercats, tanto en la categoría B como en la A, Gustavo habla sobre sus aspiraciones en el deporte: “mi meta es llegar a ser uno de los mejores de Guatemala y del mundo”.
“En un par de años anhelo ser parte de la selección absoluta y en el futuro me gustaría ir a lanzar a las ligas en Estados Unidos, es mi mayor meta”, complementa.
Gustavo cuenta que desde pequeño se destacó por su espíritu competitivo y por tratar de superarse juego con juego.
“En el sóftbol hay un ambiente de unión, los coach nos guían y corrigen constantemente, por eso hay que ser constante en los entrenos”, asegura.
Para finalizar, Gustavo explica en que consiste la preparación específica de un lanzador: “La parte física y mental son muy importantes; además de estar concentrados en el juego y entrenar saltos, trabajo de pierna, abdomen y explosividad”.


