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Martino y los jugadores empiezan a perder la confianza

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Dos derrotas en una semana han sumido al Barcelona en un cúmulo de dudas que van a poner a prueba la capacidad de liderazgo de Gerardo Martino. Hasta ahora, los resultados eran el parapeto perfecto ante las incógnitas que presentaba el juego del equipo. Una vez estos han dejado de acompañar, todo se deteriora, empezando por la confianza entre los jugadores y el técnico, que pasa por el peor momento desde su aterrizaje en Barcelona.

Jugadores como Iniesta o Xavi empezaron a notar que cada vez tenían un menor peso en el juego del equipo debido a que las posesiones se hacían más cortas. Ahí empezó el segundo foco de cuestionamiento. Que el domingo en San Mamés, cuando el Barcelona andaba perdido en busca del empate los jugadores sustituidos por Martino fueran precisamente Iniesta y Xavi no es una casualidad. A los afectados no les sentó nada bien. Algunos observadores del vestuario explican que si bien los conceptos fundamentales siguen siendo los mismos, resulta que éstos se trabajan poco en las sesiones a lo largo de la semana ya que se priman otro tipo de prácticas como los cambios de orientación o los contragolpes. Y ya se sabe que “se juega como se entrena” y en este sentido, el Barça parece haber perdido el mapa del juego de posición.

A este hecho se le suma la lesión de Leo Messi que era el pegamento que todo lo arreglaba. Si se jugaba en largo, Messi era el que abría los espacios, si se jugaba al pie, Messi era el que se ofrecía y tocaba definir, nadie como La Pulga. A lo largo de estos días ha quedado claro que sin Messi, la vida se complica mucho.

Martino, disgustado. Ante estas circunstancias, el técnico se ha defendido diciendo con razón que apenas ha tenido tiempo para entrenar desde su llegada, que coincidió con una caótica gira por Asia y que luego, entre partidos, convocatorias de selección y la mala fortuna con las lesiones, apenas ha podido hacer entrenamientos de calidad.

Para compensar esta falta de prácticas, Martino se puso en manos de los jugadores más veteranos, esos que Cruyff bautizó como las vacas sagradas en detrimento de jugadores más jóvenes o con menos peso en el vestuario, pero en contra del plan previsto, el crecimiento esperado no se ha producido. Al contrario. Ahora, le ha llegado a Gerardo Martino la hora de actuar y de imponer la autoridad que se le suponía cuando el presidente Sandro Rosell fue a buscarle como hombre indicado para continuar la obra de Tito Vilanova y Pep Guardiola al frente del Barcelona.

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