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Artes Marciales

El mundo sagrado del taekwondo

Acercarse al espíritu del taekwondo es respirar el aire de los fértiles valles y las montañas cubiertas de nieve de Muju, en el corazón de Corea del Sur, donde el próximo abril abrirá sus puertas el mayor santuario jamás dedicado a este arte marcial.

Estamos en Taekwondowon, literalmente «El paraíso del taekwondo», un imponente megacomplejo integrado en perfecta armonía con la naturaleza que busca dar un impulso definitivo al deporte coreano por excelencia.

«Queremos que esto sea el centro neurálgico para los 10 millones de taekwondistas que hay en el mundo y para quienes quieran iniciarse en este deporte», asegura el presidente de la Fundación Taekwondowon, Bae Jhong-shin.

En su entrevista con Efe, Bae alude en todo momento a la importancia de mantener el «espíritu» de este arte marcial: fusionar cuerpo y mente en la permanente búsqueda de la paz y la armonía.

Cuerpo, Mente y Espíritu son precisamente los nombres de las tres zonas en las que se divide este espacio de 2.314 millones de metros cuadrados construido con una inversión pública de 235 millones de dólares.

Concebido para futuras competiciones internacionales, el mayor estadio de taekwondo del mundo, con 4.500 asientos, preside la Zona del Cuerpo, junto a un museo de tres plantas que recorre la historia de este deporte en pantallas LED y dispositivos táctiles de última generación, al más puro estilo de la Corea de hoy.

En la Zona de la Mente, las promesas del taekwondo de todo el mundo tendrán a su disposición un centro de entrenamiento con capacidad para 1.400 personas, que se alojarán en las 256 habitaciones que ofrece la residencia anexa.

Oriente se despliega en su mayor plenitud en la Zona del Espíritu, un mágico espacio natural cuyos intrincados caminos y puentes sobre un arroyo conducen al visitante hasta el Taekwon-jeon, una pequeña aldea poblada de templos para rituales entre maestros y aprendices.

En este área se ofrecerán desde el próximo año programas de alojamiento y cursos de formación a los turistas interesados en aprender taekwondo o perfeccionar sus habilidades en este deporte con raíces ancestrales.

En Corea del Sur, al igual que en el Norte, el taekwondo es toda una institución con la que se toma contacto desde la infancia, aunque «es necesario seguir divulgando este deporte que fomenta la comunicación y el entendimiento entre las personas», comenta Taemi, medalla de oro en el Campeonato Mundial de 2007.

Los puñetazos y patadas de Taemi, que a sus 24 años ha ganado cierta fama como actriz, se dirigen hoy a otros intérpretes en kimono, en películas como The Kick (2011).

Mientras ella hace realidad su sueño de triunfar en el cine gracias al taekwondo, la mayoría de hombres de su edad en Corea del Sur pueden presumir, al menos, de ostentar el cinturón negro.

Esto se debe a que el Ejército impone a todos los reclutas la consecución del cinturón negro como condición sine qua non para superar el duro servicio militar obligatorio de dos años de duración.

Otro de los retos que afronta estos días el taekwondo como arte marcial del pueblo coreano es lograr que los deportistas de Norte y Sur puedan competir juntos, algo hoy imposible no por motivos políticos sino por la disparidad de reglas en ambos extremos de la península.

Corea del Sur pertenece a la Federación Mundial de Taekwondo (WTF) y Corea del Norte a la Federación Internacional de Taekwondo (ITF), cuyas normas a la hora de practicar este deporte son incompatibles cuando se trata de medir fuerzas sobre el «maru» o tatami.

«De momento no hay solución, pero ambas partes intentamos negociar continuamente», explica el presidente de la Fundación Taekwondowon.

Lograr la unidad normativa se antoja casi tan difícil como romper la frontera más militarizada del mundo para alcanzar la soñada reunificación de las dos Coreas; en todo caso, es importante que siga fluyendo la comunicación, tal y como exige el milenario espíritu del taekwondo

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